viernes, 27 de mayo de 2016

Hambre, "antojo" y el gen tragón.

Todos los que hemos estado a dieta en algún momento de nuestras vidas hemos tenido la sensación inevitable, abrumadora y desquiciante del “hambre”, aún en dietas normocalóricas o hipercalóricas, de mantenimiento o volumen, no necesariamente tenemos que estar llevando una dieta “restrictiva” para evitar el impulso de querer comer algo porque tenemos “hambre”, pero va más allá de un simple capricho. 
¿Qué es el hambre? Según el libro de Nutriología Médica el hambre es “una expresión fisiológica de una demanda de energía”, y por otro lado tenemos al apetito como “un concepto complejo y amplio, el cual consiste en la demanda de un alimento en particular. Esta sensación puede surgir aun sin que, estrictamente, haya hambre.” Esto es lo que podemos entender como “antojo”.

El historiador israelí Yuval Noah en su libro “Sapiens” expone la teoría del “gen tragón”, teoría evolutiva que señala el impulso de comer alimentos altamente energéticos, dulces o grasosos, como un impulso de supervivencia, ya que hace 30,000 años cuando nuestros ancestros eran cazadores-recolectores, los únicos alimentos dulces disponibles eran la fruta madura y la miel, por lo que cuando un hombre de la edad de piedra se encontraba con un árbol cargado de hígos, lo más sensato que podía hacer era comer tantos como pudiera, lo que nos sugiere que el instinto de comer hasta hartarnos de comida altamente calórica está profundamente arraigado en nuestros genes. 
El autor señala que “En la actualidad a pesar de que vivimos en apartamentos de edificios de muchos pisos y con frigoríficos atestados de comida, nuestro ADN piensa que todavía estamos en la sabana. Esto es lo que nos hace tragarnos una copa grande de Ben & Jerry´s cuando encontramos una en el congelador.”

Fisiológicamente tenemos dos mecanismos generales de regulación del balance energético.
El equilibrio de sustratos, donde la glucosa, los aminoácidos y los lípidos en sus concentraciones circulantes y en sus depósitos, articulan señales de modulación del hambre y la saciedad, cuando los depósitos disminuyen se articulan las señales del “hambre” y cuando los depósitos se encuentran “llenos” las señales se inhiben.
La regulación hormonal, tenemos dos tipos de señales, las orexígenas, que son las que producen hambre, articuladas por la ghrelina, el neuropeptido Y, y las orexinas, por otro lado tenemos a las señales anorexígenas, que son las que producen saciedad, articuladas por la leptina, secretada por los adipositos que son las  células del tejido graso.

En este artículo expongo brevemente los conceptos de “hambre” y de “apetito” o “antojo, así como un tras fondo evolutivo y regulación energética y equilibrio neuroendócrino a grandes rasgos para entender un poco los procesos que nos hacen morir de las ganas de comer una dona de Krispy Kreme, aunque hay otros factores ambientales, sociales, hormonales, psicológicos, etc. que nos hacen tener preferencias por ciertos alimentos, todos hemos experimentado la bioquímica del placer regulada por los mecanismos de respuesta neurohormonales produciendo hormonas como la dopamina y las endorfinas que son hormonas que nos hacen sentir “bien”.


Mi punto aquí es que contemplando todos estos aspectos tan complejos que intervienen cuando tenemos “hambre de un pan con mermelada”, nos alimentemos conscientemente, aprendiendo a elegir las opciones más saludables, que cubran nuestros requerimientos energéticos y nutricionales, olvidándonos de la idea que una dieta saludable es “fea” y “aburrida”, aprendiendo que podemos comer bien, comer rico, estar sanos y vernos bien, todo al mismo tiempo.

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