martes, 6 de septiembre de 2016

Una copa de vino NO es equivalente a una hora de ejercicio, como lo dice un "artículo" compartido en redes sociales.

¿Por qué?
El resveratrol es un anti-oxidante del vino, cuya fuente son las uvas, que podría tener efectos benéficos en enfermedades cardiovasculares, inflamatorias, neurodegenerativas, autoinmunes y el antienvejecimiento, pero para obtener algunos de estos beneficios debemos de consumir al menos 40mg de resveratrol según un estudio publicado en Junio del 2010 en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, sin embargo cada litro de vno tinto contiene alrededor de 12.59mg de resveratrol, por lo que necesitariamos consumir un poco más de 3 litros al día, y eso suena a mucho alcohol.
Entonces, ¿es bueno tomar vino tinto?
La clave siempre es la moderación, las bebidas son parte de nuestra alimentación y tomar una copa de vino para acompañar los alimentos nunca ha matado a nadie, pero debemos considerar el aporte de calorías de las bebidas principalmente si estamos tratando de bajar de peso.

Fuente: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27422505


viernes, 2 de septiembre de 2016

Estrategias nutricionales que podrían ayudar a limitar la inmunodepresión asociada al ejercicio




Sesiones prolongadas y regímenes intensos de entrenamiento están asociados con la depresión de las funciones del sistema inmune lo que puede provocar un aumento del riesgo de contraer infecciones oportunistas como la influenza o la gripe común, atletas en entrenamientos intensos o que recientemente han competido en eventos de resistencia, parecen aumentar el riesgo de desarrollar síntomas de enfermedades respiratorias, síntomas similares pueden desarrollarse por alergias o inflamación causada por inhalar aire frío o contaminado, en atletas de élite puede ocasionar la interrupción de su entrenamiento o un desempeño sub-optimo en competencia.

El ejercicio intenso prolongado deprime transitoriamente las funciones de los leucocitos, lo que crea una “ventana abierta” para infecciones por virus o bacterias, otros factores como: la competencia, el estrés psicológico, la falta de sueño, la exposición a ambientes extremos y la malnutrición afectan la inmunidad.

Existen otros factores de exposición a agentes infecciosos, físicos y psicológicos como:

Mayor ventilación pulmonar = mayor exposición a virus y bacterias transmisibles por vías aéreas.
Aumento de la permeabilidad intestinal = podría permitir la entrada de endotoxinas a la circulación.

Abrasión dérmica en deportes de contacto = riesgo de infecciones transdérmicas.

La proximidad a multitudes en competencias que podría aumentar la probabilidad de contagio de enfermedades.

Recomendaciones nutricionales que podrían ayudar a limitar la inmunodepresión asociada al ejercicio:

Cubrir las necesidades energéticas a través de una dieta adecuada, vigilando particularmente la ingestión adecuada de proteína, ya que este nutrimento forma las inmunoglobulinas, citosinas y proteínas del complemento.

Cuidar el consumo adecuado de micronutrimentos como el hierro, cobre, manganeso, magnesio, selenio, zinc, Vitaminas A, C, D, E, B6, B12 y ácido fólico.

En general, un suplemento de vitaminas y minerales de amplia gama son recomendables durante periodos de restricción de alimentos o para deportistas que viajan y las opciones de alimentos en cuanto a variedad y calidad están limitadas.

Proteína después del entrenamiento

La ingestión regular de proteína a través del día y la ingestión de proteína después de las sesiones de entrenamiento y antes de dormir, se ha reconocido como una estrategia efectiva para disminuir el daño muscular y la adaptación al entrenamiento, particularmente en los entrenamientos de fuerza orientados a la hipertrofia.
La ingestión adecuada de proteína es requerida para mantener una función inmune normal, y hay evidencia de que la ingestión de proteína después de entrenamientos prolongados puede atenuar algunos aspectos de la depresión inmunológica después del  ejercicio y reduce la incidencia de enfermedades respiratorias en atletas.

Bebidas de carbohidratos

La ingestión de carbohidratos durante el ejercicio limita el estrés metabólico ayudando a mantener la concentración de glucosa en sangre.
La ingestión de 30-60grs/hr de  carbohidratos durante entrenamientos largos, reduce los niveles circulantes de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina, y de citosinas inflamatorias como las interleucinas 6 y 10 además de que retrasa los síntomas de la fatiga.
Cuando las sesiones de entrenamiento se realizan en ayuno o en un estado de poco glucógeno sin carbohidratos durante el entrenamiento es más probable la inmunosupresión, principalmente si no es el primer entrenamiento del día, no es recomendable realizarlo muchos días por semana.
La hidratación durante el ejercicio mantiene el flujo de saliva, la cual contiene inmunoglobulinas 
antimicrobianas incluida la IgA, lactoferrina y defensinas.

Vitaminas antioxidantes

La ingestión de vitamina C no está justificada en población normal, al no reducir la incidencia de resfriados, pero individuos que se encuentran en entrenamiento vigoroso y repetitivo podrían verse beneficiados con dosis de más de 200mg de vitamina C como prevención, hay evidencia de que dosis relativamente altas de antioxidantes pueden reducir los niveles de cortisol e citosinas anti-inflamatorias durante entrenamientos prolongados.

Vitamina D3

El descubrimiento de receptores de vitamina D en células del sistema inmunológico como los linfocitos B y T, neutrófilos y células presentadoras de antígenos, han apuntado a la idea de que la vitamina D puede tener un rol vital en la regulación inmune, al mejorar la actividad citolítica de las Natural Killers y aumentar la expresión de CD14.
Estudios han mostrado que atletas deficientes en vitamina D son más propensos a fracturas óseas, a tener una función muscular afectada y una función inmune disminuida.
Suplementación de 4,000UI de vitamina D3 puede reducir la incidencia de enfermedades respiratorias.
Estudios en población general han demostrado que la suplementación de D3 reduce la incidencia de resfriados y el uso de antibióticos, por lo que la suplementación en atletas propensos a enfermarse podría ser benéfica.

Calostro bovino

Algunos estudios muestran que la suplementación durante algunas semanas con calostro bovino eleva los niveles circulatorios de anticuerpos y mejora la recuperación de la  función de los neutrófilos después de ejercicio extenuante, reduce la permeabilidad intestinal relacionada al ejercicio prolongado, y reduce el riesgo de parecer golpe de calor.
Reducción de incidencia de enfermedades respiratorias y duración de las mismas en deportistas.
Recomendación: 10-20grs por día

Probióticos

Los probióticos son microorganismos vivos que administrados oralmente durante algunas semanas pueden aumentar la cantidad de bacterias benéficas en el organismo, esto ha sido relacionado con un amplio rango de beneficios para la salud del intestino, así como para la función inmune, lo que reduce la incidencia de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.

1. Gleeson M, Bishop N, Walsh N (eds). Exercise Immunology. Routledge:
London, UK, 2013.
2. Gleeson M, Williams, C. Intense exercise training and immune function. In: van
Loon LJC, Meeusen R (eds). Limits of Human Endurance, Nestle Nutrition
Institute Workshop Series 2013, vol 76. Karger AG: Basel, Switzerland, 2013, pp
39-50.
3. Svendsen IS. Factors influencing infection risk in endurance athletes. PhD
thesis 2015, Loughborough University, UK
4. Svendsen I, Gleeson M, Haugen T, Tønnessen E. Effect of an intense period
of competition on race performance and self-reported illness in elite cross
country skiers. Scand J Med Sci Sports 2015; e-pub ahead of print 27 March
2015; doi: 10.1111/sms.12452.
5. Walsh NP, Gleeson M, Shephard RJ, Gleeson M, Woods JA, Bishop NC et al.
Position Statement Part One: Immune function and exercise. Exerc Immunol
Rev 2011; 17: 6-63.
6. Bermon S. Airway inflammation and upper respiratory tract infection in
athletes: is there a link? Exerc Immunol Rev 2007;13:6-14.
7. Cohen S, Doyle WJ, Alper CM, Janicki-Deverts D, Turner RB. Sleep habits
and susceptibility to the common cold. Arch Intern Med 2009; 169: 62-67.

viernes, 27 de mayo de 2016

Hambre, "antojo" y el gen tragón.

Todos los que hemos estado a dieta en algún momento de nuestras vidas hemos tenido la sensación inevitable, abrumadora y desquiciante del “hambre”, aún en dietas normocalóricas o hipercalóricas, de mantenimiento o volumen, no necesariamente tenemos que estar llevando una dieta “restrictiva” para evitar el impulso de querer comer algo porque tenemos “hambre”, pero va más allá de un simple capricho. 
¿Qué es el hambre? Según el libro de Nutriología Médica el hambre es “una expresión fisiológica de una demanda de energía”, y por otro lado tenemos al apetito como “un concepto complejo y amplio, el cual consiste en la demanda de un alimento en particular. Esta sensación puede surgir aun sin que, estrictamente, haya hambre.” Esto es lo que podemos entender como “antojo”.

El historiador israelí Yuval Noah en su libro “Sapiens” expone la teoría del “gen tragón”, teoría evolutiva que señala el impulso de comer alimentos altamente energéticos, dulces o grasosos, como un impulso de supervivencia, ya que hace 30,000 años cuando nuestros ancestros eran cazadores-recolectores, los únicos alimentos dulces disponibles eran la fruta madura y la miel, por lo que cuando un hombre de la edad de piedra se encontraba con un árbol cargado de hígos, lo más sensato que podía hacer era comer tantos como pudiera, lo que nos sugiere que el instinto de comer hasta hartarnos de comida altamente calórica está profundamente arraigado en nuestros genes. 
El autor señala que “En la actualidad a pesar de que vivimos en apartamentos de edificios de muchos pisos y con frigoríficos atestados de comida, nuestro ADN piensa que todavía estamos en la sabana. Esto es lo que nos hace tragarnos una copa grande de Ben & Jerry´s cuando encontramos una en el congelador.”

Fisiológicamente tenemos dos mecanismos generales de regulación del balance energético.
El equilibrio de sustratos, donde la glucosa, los aminoácidos y los lípidos en sus concentraciones circulantes y en sus depósitos, articulan señales de modulación del hambre y la saciedad, cuando los depósitos disminuyen se articulan las señales del “hambre” y cuando los depósitos se encuentran “llenos” las señales se inhiben.
La regulación hormonal, tenemos dos tipos de señales, las orexígenas, que son las que producen hambre, articuladas por la ghrelina, el neuropeptido Y, y las orexinas, por otro lado tenemos a las señales anorexígenas, que son las que producen saciedad, articuladas por la leptina, secretada por los adipositos que son las  células del tejido graso.

En este artículo expongo brevemente los conceptos de “hambre” y de “apetito” o “antojo, así como un tras fondo evolutivo y regulación energética y equilibrio neuroendócrino a grandes rasgos para entender un poco los procesos que nos hacen morir de las ganas de comer una dona de Krispy Kreme, aunque hay otros factores ambientales, sociales, hormonales, psicológicos, etc. que nos hacen tener preferencias por ciertos alimentos, todos hemos experimentado la bioquímica del placer regulada por los mecanismos de respuesta neurohormonales produciendo hormonas como la dopamina y las endorfinas que son hormonas que nos hacen sentir “bien”.


Mi punto aquí es que contemplando todos estos aspectos tan complejos que intervienen cuando tenemos “hambre de un pan con mermelada”, nos alimentemos conscientemente, aprendiendo a elegir las opciones más saludables, que cubran nuestros requerimientos energéticos y nutricionales, olvidándonos de la idea que una dieta saludable es “fea” y “aburrida”, aprendiendo que podemos comer bien, comer rico, estar sanos y vernos bien, todo al mismo tiempo.